¿Somos solidarios cuando nadie nos ve?

La eterna pregunta y cobra sentido en este mes de la solidaridad. Hay muchas pruebas que sí lo somos, sobre todo cuando se trata de grandes catástrofes, o cuando hablamos de apoyar a la Teletón. También está el desempeño de cientos de organizaciones solidarias de la sociedad civil que trabajan con gran esfuerzo por mejorar la educación, la salud, la integración al trabajo de personas con discapacidad y en general por mejorar la vida de los chilenos más vulnerables.

¿Somos generosos o damos por lástima, tenemos un corazón bondadoso y empático con el que lo necesita o sólo pagamos culpas?

Queda claro entonces que cuando hay grandes tragedias somos “super” generosos, pero ¿qué pasa todos los días, cuando hay que dar el asiento en el transporte público, ayudar a una mamá en el metro a subir el coche por la escalera, a pasar lento con el automóvil en las esquinas cuando hay mucha lluvia, o cuándo una persona con ceguera quiere cruzar una calle, le tendemos una mano o nos hacemos los lesos? No se sorprendan, pero esto también es solidaridad y es la más auténtica porque es gratuita y se entrega en lo cotidiano, en lo común y sobre todo porque se hace cuando nadie nos dice y cuando nadie nos ve. Esto es el verdadero espíritu de la solidaridad.

Sería maravilloso lograr en Chile una verdadera cultura solidaria, donde todos juntos construyamos una sociedad que valore y respete las diferencias y habilidades de cada uno. Así poder vivir la inclusión en todos los ámbitos de la vida con generosidad, valorando justamente esas diferencias propiciando y poniendo acento en lo que se puede aprender  de la experiencia del otro.


Daniela Grau
Directora Ejecutiva de Corpaliv, Corporación del Padres y amigos del limitado visual

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